A veces me da miedo mi mente. Me refugio en ella para no enfrentar la realidad, pero a veces me escondo tan bien que ni siquiera soy capaz de realizar las actividades de un ser humano normal. Me encuentro totalmente lejos del mundo real, mi cabeza está en la nubes al igual que mis pies. Disfruto viviendo las vidas de personajes ficticios, me gusta que a pesar de todo encuentren su final feliz y con esto saco puedo inventar sentimientos y sensaciones.
No puedo aceptar quien soy. Todo lo que anhelo ser se viene abajo cuando veo mi reflejo, cuando me relaciono con los demás, cuando debo enfrentarme al mundo.
Luego de las experiencias vividas hace algunos meses recién estoy abriendo los ojos, recién me estoy dando cuenta de que no puedo aferrarme a un ser inexistente para alcanzar la felicidad, porque si me quedo esperando a que él me responda desperdiciaría el intento de vida que poseo.
Nunca sentí nada al levantar las manos, nunca presencie alguna especie de milagro, nunca canté desde el fondo de mi ser, simplemente actué como los demás querían que lo hiciera, solamente me adapté a aquel personaje creado por mi misma para poder encajar en aquel mundo, así como lo hago siempre. No soy real, no existo, sólo observo la situación y creo un personaje de acuerdo a ella. Soy un envase vacío que se llena con historias, canciones e imágenes. Mi mente es un lugar cálido, mi refugio, mi fuente de vida, siempre ha sido así, siempre me ha protegido de lo malo del mundo, me acurruca en sus brazos y no me suelta.
Sin embargo ella es egoísta, no quiere compartirme con el mundo, no quiere que viva como alguien normal, quiere que sea única en mi especie, una especie de monstruo que funciona sólo porque su cuerpo lo demanda. Estoy muerta en sus brazos, siempre lo estuve y siempre lo estaré.